miércoles, 3 de septiembre de 2008

Decisiones y consecuencias


Otra manera de evitar que los hijos sigan los "viciados" del grupo es enseñarles a confiar en sí mismos. La base se establece en la infancia. Pero nunca es tarde para empezar a desarrollarles la seguridad confiando en ellos. Los jóvenes necesitan aprender a tomar decisiones, evaluar los costos y beneficios, los riesgos y consecuencias de lo que quieren hacer. Así sabran elegir pot sí mismos.

El saber tomar las decisiones correctas al evitar la ingesta excesiva de alcohol que produce dificultades para hablar y caminar, tristeza, rabia y se es incoherente, puede haber vómitos y si su consumo es aún mas existeun riesgo de inconciencia y muerte por parálisis respiratoria, también se evita que se eleven las cifras de accidentes por consumo de alcohol.

El papel de la familia ;)


El 95% de los pacientes tiene un familiar alcohólico. No se trata de que esté botado en la calle. Sólo con "necesitar" un trago a las ocho de la noche todos los días, ya se es adicto.
Enseñar a tomar desde chico: la gran mentira
Con estos descubrimientos se echa por tierra la idea de "enseñar a tomar". En muchas familias se sirve a los niños un poco de vino u otro trago para que "aprendan". Esto hará que les guste, tomen y, sin saberlo, acumular esa sustancia nociva. Antes el control social era más fuerte, no había tanto acceso al alcohol, ni plata y era mal visto emborracharse. Ahora es más fácil, por eso es importante tener presente que, por genética, unos tienen mejor "cabeza" que otros. Mientras más tarde "aprendan a tomar", mejor.

Importancia de la genética


El componente genético, también es determinante. Estudios norteamericanos han comprobado que el cerebro de ciertas personas convierte el alcohol en una sustancia química de gran dependencia. El cuerpo humano transforma el alcohol en acetaldehído, sustancia muy tóxica, que, luego de un proceso químico, felizmente se elimina como dióxido de carbono y agua. En personas genéticamente predispuestas, en cambio, una pequeña cantidad del venenoso acetaldehído no es eliminada y se va al cerebro donde se convierte en productos que pueden causar dependencia. Esta sustancia, la misma que produce el cerebro con la heroína, es un sedante de fuerte grado de adicción, por ejemplo. Su cerebro va guardando esta sustancia hasta que, en algún momento de la vida, se transforma en alcohólico. No se sabe por qué a algunos les ocurre jóvenes y a otros, ya jubilados. Lo cierto es que esa persona se siente impulsada a beber aunque sabe que se está dañando. Pierde el control sobre su consumo y el dejarlo trae síntomas de abstinencia, como ansiedad y temblores.

¿Que sucede en las fiestas?


Sin pensarlo dos veces, un niño se toma una cerveza en la fiesta. Y ve su efecto: está más relajado, habla fluidamente, se atreve a acercarse a esa niña tan bonita, lo encuentra rico y consume en situaciones sociales. La mayoría queda ahí, pero alrededor del 10% se transforma en alcohólico. Aunque en las últimas décadas ha variado la definición de esta enfermedad, existen dos conductas que definen esa condición: un joven es alcohólico cuando necesita tomar todos los días o cuando se emborracha cada vez que toma porque no tiene capacidad de parar.